domingo, 22 de abril de 2012

Impredecible y estrambotico

Siempre se ha dicho que una de las cosas fundamentales para que la música continúe viva en sus innumerables reproducciones es que contenga un cierto factor sorpresa, dar un cierto margen a la improvisación dentro de los patrones determinados. Aun asi, en muchas ocasiones es el ambiente mismo donde se interpreta el que proporciona dichas circunstancias azarosas que dan a la canción un carácter único.
Asi fue lo que me ocurrió hace bien poco en cierto bar de la capital madrileña, en mitad de una versión especialmente dedicada entró en el bar una pareja tambaleante y variopinta, el chico se empeñó en saludarnos y darnos las manos a pesar de que nuestras extremidades superiores estuvieran ocupadas en tareas musicales; ella, por el contrario, ni nos miro y se fue directa a la barra. Cuando mi mira se volvió a dirigir hacia ellos, la chica no estaba, y pocos segundos después salia de la nada para cruzar la puerta de salida de manera fugaz. Él se quedó con dos cervezas en la mano, sonriente, mientras la camarera aparecía con una fregona, lo que nos hizo presagiar lo peor.
Con aquella canción concluimos el show, aunque hay que añadir que al irse el muchacho volvió a intentar darnos la mano sin haber terminado el tema. La camarera nos puso al corriente de todo, la chica había vomitado en mitad del bar y al tipo le había dado lo mismo, se había quedado con sus cervezas y su sonrisa de bobalicón. Me guardare los detalles desagradables, los guardo para mi, pero Paloma de Calamaro ira unida desde ese mismo momento, para siempre, a olor gástrico en mi memoria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario